La colombiana traga la polla negra de su jefe
Esa tarde, después de servirle el café a su jefe con esa falda ajustada que le marca el culo prieto, Daniela no aguantó más los morritos que le hacía desde hacía semanas. Él, un negro enorme con una verga que parecía un tronco, le agarró el pelo con fuerza mientras ella le chupaba la punta sintiendo cómo le goteaba el coño entre las piernas. La colombiana, con sus tetas chicas y su piel morena brillante, se dejó caer sobre el sillón de la oficina y él la empotró sin piedad en el primer envite, su polla negra hundiéndose en su coño mojado que apenas le cabía. Los jadeos de Daniela retumbaban en el cuarto mientras él le clavaba la verga hasta el fondo, sus tetas pequeñas rebotando con cada embestida. Ella gemía con la boca llena de saliva, chupándole los huevos gordos mientras él le agarraba el culo prieto con ambas manos para hundirse más profundo. La oficina entera olía a sexo, a sudor y a coño caliente, y ella no podía parar de correrse cada vez que él le daba un azote en el culo que le dejaba la marca roja. Entre mordiscos al labio y gritos ahogados, Daniela le suplicaba que no se corriera todavía, pero su verga enorme no le daba tregua, llenándola hasta el útero con cada empujón. Cuando por fin él se dejó ir dentro de su coño apretado, ella sintió cómo le llenaba el vientre de leche caliente mientras seguía gimiendo, con las piernas temblorosas y el tanga hecho trizas entre sus muslos. La colombiana, exhausta pero satisfecha, se limpió los restos de corrida del coño con los dedos antes de ponerse la falda otra vez, sabiendo que tendría que inventar una excusa para llegar tarde a casa de su padastro.