La hijastra me chupa la polla mejor que su mamá
Él siempre había notado cómo su hijastra lo miraba de reojo cada vez que se quitaba la camiseta para regar las plantas, pero nunca imaginó que terminaría con los labios bien abiertos rodeando su verga dura como una piedra. La chica, con solo diecinueve años y un cuerpo de escándalo lleno de curvas suaves, se agachó frente a él en la sala vacía mientras su mamá dormía la siesta en el piso de arriba. La polla le temblaba en la mano al sentir el aliento caliente de la morena sobre el glande brillante de líquido preseminal. Sin pensarlo dos veces, ella se la metió hasta la garganta con un gemido ahogado, los ojos llenos de lágrimas por el esfuerzo pero con una sonrisa traviesa. Él le agarró la nuca con fuerza y empezó a empujar, sintiendo cómo su coño empapado de lujuria se frotaba contra el sofá mientras la penetraba con los dedos por detrás. La chica no se detuvo ni un segundo, tragando cada embestida con un sonido húmedo que resonaba en la habitación, las tetas pequeñas pero firmes rebotando al ritmo de los movimientos. Cuando él sintió que no podía aguantar más, la levantó en el aire y la empaló contra la pared, las piernas de ella enroscadas en su cintura mientras su coño chorreante recibía cada embistida brutal. La polla gruesa le llenaba por completo, rozando su punto más sensible hasta hacerla gritar con la voz quebrada entre sollozos de placer. Él no pudo resistirse más y le soltó toda la leche bien adentro, gruñendo como un animal mientras la chica se corría con espasmos en la pared, las uñas clavadas en sus hombros y el coño palpitando alrededor de su miembro flácido. Ambos quedaron jadeando, sudorosos y pegajosos, sin importarles que su mamá pudiera bajar en cualquier momento. La chica se limpió los labios con el dorso de la mano y le susurró al oído que quería más, que nunca había chupado una polla tan rica como esa y que su mamá no la satisfacía ni por asomo.