Mujer de plástico abre su coño para una polla enorme
Esa muñeca de silicona con coño bien ajustado ya venía con las piernas abiertas de fábrica, pero cuando le metí la verga hasta el fondo la cosa se puso más interesante. Sus labios rosados se abrieron como una flor carnívora al sentir el primer empujón, chorreando un líquido rosado que le empapó el culo falso mientras la embestía sin piedad. La polla entraba y salía con un sonido húmedo y pegajoso, cada vez más rápido, mientras los gemidos artificiales resonaban en la habitación vacía. Le agarré las tetas de plástico con fuerza, sintiendo cómo se deformaban bajo mis dedos, y la empujé contra la pared para clavarle la verga hasta que el coño se le abrió como un abanico sucio. El líquido transparente le resbalaba por los muslos de mentira mientras yo gruñía como un animal, sintiendo cómo el calor de la silicona me quemaba las manos. Cada embestida hacía que sus caderas de juguete chocaran contra mi pelvis con un golpe seco, y el sonido de los choques se mezclaba con los jadeos forzados que salían de su boca de goma. La polla se le hundía hasta la base cada vez que la embestía con rabia, haciendo que el coño se le dilatara como nunca, hasta que por fin exploté dentro de ella con un chorro espeso que le llenó todo el interior de silicona barata. La muñeca quedó completamente empapada en mi leche, con el coño goteando y las piernas temblando de placer falso, mientras yo me corría sin parar hasta dejarla bien sucia y usada, como una puta de plástico que ya no sirve para nada más que para tirarla al suelo después del polvo.