Este tipo no se cansa de chupar coño negro bien mojado
Desde que la conoció en la fiesta, no podía sacarse de la cabeza ese culo perfecto y ese coño jugoso que olía a miel. La primera vez que se encontraron solos, él no perdió el tiempo y la empujó contra la pared, metiendo la mano bajo su falda para sentir cómo goteaba. Ella gimió fuerte cuando le arrancó las bragas con los dientes, dejando al descubierto su raja rosada y brillante de humedad. Con la polla ya dura como piedra, se arrodilló para hundir la lengua en su coño, saboreando cada gota de su jugo mientras ella le agarraba el pelo y movía las caderas al ritmo de sus lamidas. Las paredes retumbaban con los gemidos de ella, que no podía parar de gritar "¡Más profundo!" mientras él le clavaba los dedos en el culo y le chupaba el clítoris sin piedad. El tipo no se conformó con eso y la levantó en peso, empotrándola contra la mesa para follársela a cuatro patas, embistiendo con tanta fuerza que el sonido de los golpes resonaba en toda la habitación. Ella se corrió tres veces antes de que él le llenara el coño con una corrida espesa y caliente, dejándola temblando y con las piernas temblorosas. Al final, los dos quedaron exhaustos, pero él ya sabía que no sería la última vez que saborearía ese coño negro que lo volvía loco.