Cirote 3: la polla más dura del barrio
La vecina de al lado siempre andaba con esa blusa ajustada que le marcaba las tetas perfectas, pero nadie imaginaba que escondía un coño tan caliente. Un día, mientras él la veía regar las plantas, ella se agachó exageradamente, mostrando ese culo redondo y apretado, y él no pudo resistirse. Se acercó, le susurró al oído que quería chuparle las tetas, y ella, con una sonrisa pícara, lo llevó a su habitación. La puta se arrodilló de inmediato, sacándole la polla dura con las manos y metiéndosela en la boca sin piedad. Él le agarró el pelo mientras ella gemía con la verga hasta el fondo de la garganta, la saliva chorreando por sus labios. La tiró en la cama, le arrancó el tanga y le abrió las piernas, hundiendo la cara en su coño mojado y lamiéndolo con furia. Ella gritaba, arqueando la espalda mientras él le metía los dedos y le chupaba el clítoris hinchado. Cuando ya no aguantó más, la empotró contra la pared, embistiéndola con fuerza mientras sus tetas rebotaban con cada golpe. Ella le clavaba las uñas en la espalda, pidiendo más, hasta que él se corrió dentro de su coño apretado, llenándola de semen caliente. Quedaron tirados en la cama, jadeando, con el olor a sexo flotando en el aire.