Dai Belan se masturba mostrando sus axilas y chorreando leche
La habitación estaba en penumbra, con solo la luz de la lámpara de noche iluminando las sábanas revueltas. El aire olía a sudor y lujuria, y yo ya no podía aguantar más. Llevaba días mirando a Dai Belan, sus axilas húmedas, su forma de morderse el labio cuando creía que nadie la veía. La tensión era insoportable, cada roce accidental, cada mirada robada, solo empeoraba las cosas. Ahora, por fin, estaba frente a mí, con los dedos hundidos entre sus muslos, gimiendo mientras se tocaba. Sus axilas brillaban, llenas de sudor, y yo no podía resistir. Me acerqué, pasando la lengua por su piel salada, sintiendo cómo temblaba bajo mi contacto. Sus gemidos se volvieron más fuertes, sus caderas se movían al ritmo de mis dedos, y yo sabía que estaba cerca. La empujé contra la pared, chupando sus axilas mientras ella se corría, su leche caliente derramándose sobre mi mano. Sabía que esto no había terminado, que la próxima vez sería aún más intenso.