Verificación caliente con mi putita en el sofá
Yo sabía que no aguantaría cuando me retó a ver si podía hacerla gemir más fuerte que la última vez, pero esta vez fue distinto: mi polla entró de una estocada y se quedó ahí, sintiendo cómo su coño apretaba como una pinza mientras ella me clavaba las uñas en la espalda. Le dije que se callara, que no era tan fácil hacerla gritar, y entonces empecé a embestirla más duro, sintiendo cómo su culo rebotaba contra mis bolas a cada golpe. Ella intentaba resistirse, pero sus gemidos se volvieron más agudos cuando le agarré el pelo y la obligué a arquear la espalda, metiéndosela hasta que el sofá crujía bajo nosotros. 'No, así no', gimió, pero yo sabía que ya estaba mojada, que le encantaba que la dominara, así que seguí follándola sin piedad, sintiendo cómo su coño se cerraba alrededor de mi verga como si no quisiera soltarla. Cuando por fin me corrí, fue tan fuerte que hasta ella se estremeció, pero lo mejor fue ver su cara de frustración cuando le pregunté si quería más, sabiendo que no podía negarse. Al final, quedó temblando, sudando, pero con esa sonrisa de puta satisfecha que solo yo le sacaba.