Te voy a contar cómo me follé a mi vecina en su cocina
Te juro que no fue mi culpa, pero cuando la vi con ese vestido ajustado y esos tacones, no pude evitar seguirla hasta su casa. Me abrió la puerta con una sonrisa pícara y me dijo: '¿Vienes a por lo que te prometí?' Sabía que su marido estaba a punto de llegar, pero eso solo me puso más caliente. La empujé contra la mesa de la cocina y le subí el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto ese culo redondo y perfecto que tanto me obsesionaba. Le metí los dedos en la boca para que los chupara bien mojados antes de hundirlos en su coño, que ya goteaba de excitación. Gemía bajito, tapándose la boca con la mano para que no la escucharan los vecinos, pero yo quería que gritara mi nombre. Le di la vuelta y le bajé las bragas de un tirón, dejando su culo al aire mientras le abría las piernas con las mías. Le metí la polla de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado me envolvía entero. Cada embestida la hacía chocar contra la mesa, haciendo temblar los platos y las copas. Le agarraba las caderas con fuerza, marcando mis dedos en su piel mientras la follaba sin piedad. Escuché el ruido de la puerta principal y supe que su marido estaba cerca, pero eso solo me excitó más. Aceleré el ritmo, clavándosela más rápido y más duro, hasta que sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi polla. Se corrió en silencio, mordiéndose el labio para no gritar, pero yo no me detuve. Seguí follándola hasta que sentí mi corrida subir por mi polla y explotar dentro de ella. Se quedó temblando, con mi leche goteando por sus muslos, mientras escuchábamos los pasos de su marido acercándose. Prometo que la próxima vez será en su cama, y esta vez no nos pillarán.