La latina me hace correrme con su lengua experta
Ya llevaba días imaginando cómo sería sentir su boca caliente alrededor de mi verga dura, pero nada preparaba para el espectáculo que me esperaba cuando la puta se arrodilló frente a mí sin decir ni pizca. Con una sonrisa pícara que me dejó tieso, me agarró la polla con fuerza y se la llevó a la boca sin aviso, chupándome como si su vida dependiera de mi leche espesa. La lengua le bailaba alrededor del glande mientras sus tetas pequeñas pero duras rebotaban con cada movimiento brusco que le daba, y el sonido de mis gemidos se mezclaba con el de su garganta tragando saliva y pre-semen. No pasó ni un minuto cuando ya me tenía al borde, con sus dedos jugando con mis bolas mientras me miraba con esos ojos oscuros llenos de lujuria y promesas de más. La muy zorra sabía exactamente lo que hacía: me tenía al límite, con la cabeza echada hacia atrás y los dedos enredados en su pelo negro azabache mientras ella aceleraba el ritmo hasta convertirlo en una mamada salvaje. Cuando sentí que el orgasmo me subía por la espina dorsal, le agarré la nuca y se la clavé hasta el fondo de la garganta, sintiendo cómo se ahogaba un poco pero sin soltarme ni un segundo. Con un gruñido gutural, le solté toda mi leche caliente en la boca, y ella, la muy puta, tragó hasta la última gota sin desperdiciar ni una gota, relamiéndose los labios como si fuera su postre favorito. Después, se levantó con esa cadera ancha balanceándose y se limpió un hilo de semen que le caía por la comisura de los labios, mirándome con una maldad que me dejó sin aliento. No contenta con eso, se acercó y me dio un beso húmedo donde mezclaba el sabor de mi corrida con el de su saliva, dejándome claro que esta no sería la última vez que me comiera vivo con esa boca traicionera. El culo le temblaba de lo excitada que estaba, y yo solo podía pensar en empotrarla contra la pared hasta dejarla llena de mi leche otra vez.