Mamá brasileña se la chupa a su hija en el baño
La mamá brasileña llevaba puesto un vestido ajustado que apenas le cubría el culo cuando la hija llegó con su amiga a la casa, todas borrachas de tragos fuertes que les subieron directo a la cabeza. Entre risas y empujones, la mamá se agachó frente a su hija sin pensarlo dos veces y le agarró la polla por encima del short ajustado, sintiendo lo dura que estaba desde hacía horas. La hija, con la concha ya bien mojada y las tetas rebotando al ritmo de sus gemidos, le ordenó a la amiga que se quedara quieta mientras le bajaba el pantalón a su mamá para dejarle el culo al aire, palpitante y ansioso por recibir lo que venía. Con la boca bien abierta y la lengua lista, la mamá se lanzó a chupar la verga de su hija con una saliva espesa que le recorría el paladar mientras la amiga le sobaba las tetas duras y le pellizcaba los pezones duros como piedras. La hija, con la respiración entrecortada, le agarró la cabeza de su mamá y se la empotró contra su entrepierna, sintiendo cómo la lengua húmeda le recorría el tronco de la polla hasta llegar a la punta, donde se enredaba en el agujerito tembloroso. La amiga, loca de lujuria, se bajó el sostén para ordeñar las tetas grandes de la mamá mientras esta le metía dos dedos en el coño empapado, haciendo que la hija se corriera con un grito ahogado que resonó en las paredes del baño. Entre gemidos y resbalones de fluidos, la mamá se paró frente a la hija, le abrió las piernas y se la clavó de una sola embestida profunda que le hizo arquear la espalda y soltar un chorro de leche por la polla, manchando el vestido de la mamá que ya olía a sexo y a sudor caliente. La amiga, sin poder resistirse, se arrodilló detrás de la mamá y le lamió el culo rosado mientras esta recibía cada embestida dura con un gemido gutural, sintiendo cómo la polla le llenaba el coño hasta el fondo y le hacía perder el control. Los cuerpos sudados se entrelazaban en un remolino de pieles resbaladizas, tetas que chocaban, caderas que se movían al unísono y una corrida tras otra que se mezclaban con los fluidos espesos que escurrían por las piernas. La hija, ya sin fuerzas, se dejó caer al suelo del baño con las piernas temblorosas mientras la mamá le seguía lamiendo la polla flácida pero aún palpitante, chupando cada gota de leche que le quedaba mientras la amiga le metía un dedo en el culo y le hacía gritar de placer otra vez.