Mi cuñada me folla en su cama tras descubrir mi hermanastro putero
La cama estaba revuelta, las sábanas olían a alcohol y a sudor de fiesta, y en medio de todo eso, Alicia Trece y yo nos miramos con esa chispa de furia y deseo que solo viene cuando un hombre se cree dueño de todo. Te voy a contar cómo mi cuñada, con los ojos vidriosos de rabia, me arrinconó contra el cabecero y me susurró al oído: '¿Vas a ver si te atreves a aguantar lo que yo sí puedo darte?'. Su mano ya estaba bajo mi falda, sus dedos se hundieron en mi coño mojado de un tanteo rápido, y cuando gimió al sentir lo caliente que estaba, supe que esto no era solo venganza, sino una competencia que ninguna quería perder. Ella me empujó hasta que mis rodillas golpearon el colchón, su boca chupando mis pezones duros mientras sus uñas marcaban mis caderas, y cuando se sacó el sostén y dejó caer sus tetas falsas sobre mi cara, le mordí los pezones hasta que gritó. 'No te corras tan pronto, puta', me dijo, y me dio la vuelta, metiendo dos dedos en mi culo mientras me hacía montar su cara. Sus labios en mi clítoris me hicieron ver estrellas, y cuando se paró para empotrárseme en perro, sus tetas rebotaban contra mi espalda mientras me follaba con esa cadencia de quien sabe que va a ganar. Dejé marcas de uñas en su piel cuando me corrí, y ella siguió moviéndose, gimiendo más fuerte, hasta que se vino contra mi espalda en un chorro caliente. Ahora solo queda el olor a sexo en el aire y su tanga roto en el suelo.