Opa alemán seduce a la teen en plena calle de Berlín
Estaba caminando por la acera cuando el viejo Otto Krutzmann me agarró del brazo y me susurró al oído que llevaba días imaginando cómo me follaría esa polla dura que se le marcaba en los pantalones. ¿Te gustaría estar en mi lugar, sintiendo cómo un viejo verde te arrastra a un callejón para meterte los dedos entre las piernas? La tensión entre nosotros era insoportable desde que nos cruzábamos en el metro, y esa tarde no aguantó más: me empujó contra la pared y me levantó la falda, hundiendo su lengua en mi coño mojado mientras sus manos apretaban mis tetas. Gemí cuando me bajó las bragas y me abrió las piernas, metiendo su polla gruesa de una estocada hasta que sentí el choque de sus caderas contra mi culo. El viejo me empotraba contra el ladrillo, gruñendo cada vez que me penetraba con fuerza, y yo no podía evitar gritar de placer cuando sus dedos me pellizcaban los pezones. En más de 19 minutos de escena, Otto me hizo correrme tres veces antes de llenarme la boca con su leche espesa. La próxima vez, te aseguro que no me conformaré con un callejón: voy a montarlo en su cama hasta que no pueda caminar.