Atheos descarga su polla gorda hasta reventar
El olor a sudor y lujuria llenaba el cuarto cuando me arrodillé frente a ella, mi polla palpitando como un maldito martillo. Ella me miró con esa sonrisa de puta dueña, ordenándome que me la chupara sin tocarla con las manos. Me agaché, sintiendo cómo su coño mojado rozaba mi lengua mientras gemía como una perra en celo, exigiendo más presión. Le obedecí, tragando cada gota de su flujo mientras ella me jalaba del pelo, marcando el ritmo. Cuando me dijo que me parara, mi verga ya estaba a punto de estallar, pero ella solo se rio y me obligó a masturbarme frente a ella, prohibiéndome correrme. Cada vez que me acercaba, me detenía con un golpe seco en los huevos, humillándome hasta que suplicé permiso. Finalmente, cuando me permitió explotar, lo hice sobre su cara, pintando sus labios con mi leche espesa mientras ella se reía, prometiéndome que la próxima vez me haría tragarla. La próxima vez, juro que no me detendré hasta que me ruegue que pare.