Con mi amiga en avakin descubrí lo que le gusta de verdad
El sonido de su voz se me quedó pegado en la mente: un gemido ahogado que no era de miedo, sino de algo más oscuro. Cuando empezó a moverse contra mí, entendí que lo que creía era solo la punta del iceberg. Mi amiga siempre había fingido ser tímida, pero en Avakin, donde nadie nos veía, se convirtió en otra persona: me empujó contra la cama y me arrancó el vestido con dedos que temblaban de necesidad. 'Quiero que me compares con ella', susurró, y ahí entendí todo. Desabroché su blusa para descubrir que no usaba ropa interior, su coño ya estaba empapado, los labios hinchados y rojos como si llevara horas excitada. Metí dos dedos de golpe y gemí al sentir lo apretada y caliente que estaba, sus paredes se cerraron alrededor como si quisieran tragarme entera. 'Dame más', jadeó, y obedecí: le hice una cunnilingus tan fuerte que le corrí la primera vez en menos de un minuto, pero ella solo gritó '¡Ahora mi culo!' y se puso en cuatro patas. Le escupí en el agujero y empujé mi polla falsa hasta que chilló, pero no para que parara, sino para que le diera más duro. En más de 20 minutos la hice correrse tres veces, la última con mis dedos en su coño y mi boca en su clítoris, sujetándole las caderas para que no escapara. Cuando terminamos, miró la pantalla con los ojos vidriosos y dijo 'La próxima quiero que grabes con tu webcam, quiero ver tu cara cuando te la chupe'.