El doctor Danny Fontana cura con una mamada de infarto
Esa tarde en la consulta, Dominick Balta entró con la polla ya medio dura, rozando el escritorio del doctor mientras se sentaba. Llevaba semanas mandándole fotos de su verga sin cortar, rozando los botones de la camisa para que se le marcara, y ahora, después de quince minutos de miradas de reojo, el médico no aguantó más. Agarró a Dominick por la nuca y lo empujó hasta que su cara quedó a centímetros de la polla gruesa y palpitante, el prepucio brillante de líquido que ya goteaba. Con un gemido ahogado, Danny Fontana abrió la boca y se la metió entera de golpe, tragando hasta que la punta le rozó la garganta. Dominick echó la cabeza atrás, arqueando la espalda mientras el doctor le chupaba las pelotas, pasando la lengua por el escroto sudado. Los gemidos se volvían más fuertes con cada embestida de las caderas, la saliva resbalando por el cuello de Danny mientras Dominick le agarraba el pelo, marcando el ritmo. El médico no paraba, amordazándose con la verga, tragando cada gota que le salía al punto de ganso, hasta que Dominick, con la voz ronca, le soltó: “Mírame, puta, cómo te la voy a reventar la garganta”, justo antes de descargarle una corrida espesa que el doctor tragó entero, los ojos lagrimeando de placer.