La hijastra latina reta a Ken Feels a follar como un verdadero macho
No debería haberla provocado, pero Pixie Smalls siempre fue una descarada. Esa tarde, con solo un short ajustado y la mirada llena de desafío, dejó claro que quería ver si el viejo podía aguantar su ritmo. Primero fue un roce casual de sus tetas naturales contra el brazo de Ken, luego una lamida lenta al dedo que él le pasó por los labios. Cuando se arrodilló frente a su polla, no hubo preliminares: se la metió entera de golpe, tragando hasta que las caderas chocaron contra su cara. Ken gruñó al sentir su garganta cerrarse alrededor, pero ella no se detuvo, moviendo la cabeza como una profesional mientras sus uñas marcaban su espalda. '¿Eso es todo lo que tienes, papito?', dijo entre gemidos, mojando el coño con solo imaginarse su polla dentro. Sin perder tiempo, la tiró contra la cama, separándole las piernas de una patada y hundiendo los dedos en su concha caliente. '¿Quieres ver si me correa antes?', rugió, clavándole los pulgares en el culo mientras ella arqueaba la espalda. La penetró de una estocada, tan profundo que le sacó un grito, y cada embestida la acercaba más al orgasmo. 'No te atreverás a correrte antes que yo', susurró Pixie, mordiéndole el hombro mientras sus paredes internas lo apretaban como un torno. Él aceleró el ritmo, martillándola contra el colchón hasta que ella estalló, temblando bajo su cuerpo. 'Mierda...', masculló Ken, todavía dentro de ella, sintiendo cómo su verga palpitaba antes de vaciarse entera. Al terminar, Pixie se limpió los labios con una sonrisa triunfal, mientras él solo podía mirar, exhausto, la prueba de que esta vez ella había ganado el juego.