La yogui Mariana Martix se estira el culo y el coño conmigo
Estaba flexionando su cuerpo como una gata en celo cuando me miró con esa sonrisa desafiante. '¿Crees que puedes aguantar lo que te voy a dar?', me retó mientras se arqueaba para mostrarme su culo perfecto. No me lo pensé dos veces: le bajé el legging hasta los tobillos y le clavé los dedos en la raja mojada. 'Abre más, puta', le ordené, y ella gimió al sentir cómo mis dedos la preparaban para mi polla. Cuando la penetré de un solo golpe, su coño se ajustó como un guante caliente. 'Más duro', suplicó, y le di lo que pedía, embistiéndola contra la pared hasta que sus tetas rebotaban. Luego la puse a cuatro patas y le metí la polla en el culo sin lubricante, escuchando cómo gritaba de placer mientras le agarraba las caderas. '¿Ves? No eres tan hombre', jadeó, pero le cerré la boca metiéndole el pulgar entre los labios. La giré para el misionero y le follé el coño hasta que el sudor nos pegaba la piel. 'Correte dentro', me exigió, y le obedecí, llenándola hasta que el semen le chorreó por los muslos. Justo cuando iba a sacarla, me agarró las nalgas para que me quedara enterrado hasta las pelotas, y entonces supe que había ganado la apuesta.