Pelea de sexos caliente con la contable en casa
La contable siempre fue el sueño prohibido de su cliente más asiduo: pelo negro azabache hasta la cintura, tetas grandes que rebotaban con cada paso y un culo prieto que se marcaba bajo el vestido ajustado. Esa tarde, entre papeles y facturas, él no pudo resistirse más y la agarró de la nuca empujándola contra el escritorio mientras le arrancaba las medias con los dientes. Ella gimió fuerte cuando su boca se clavó en el cuello, mordisqueando la piel sensible mientras una mano le apretaba el coño empapado por encima de las bragas. Él le ordenó arrodillarse y, sin dudarlo, la contable le chupó la polla enorme hasta dejarla bien dura, sintiendo el sabor salado de la excitación masculina. La agarró del pelo y se la empotró hasta la garganta, obligándola a tragar cada centímetro mientras ella ahogaba sus gemidos entre arcadas controladas. De pronto, la puerta se abrió y entró su esposa con los ojos llenos de lujuria, desnudándose rápido y pidiendo que la incluyeran en el juego. Los tres terminaron en el suelo, ella cabalgando al marido con fuerza mientras él le mordía los pezones y la contable se tragaba su leche espesa en una garganta profunda. Los gritos de placer llenaron la oficina, las sábanas quedaron manchadas con fluidos y las tetas de la contable temblaron bajo cada embestida salvaje. La esposa se corrió primero, empapando el sofá con su corrida caliente, seguida por él que le llenó la boca a la contable hasta que le resbaló por la barbilla. La escena terminó con los tres jadeando, sudorosos y con el cuerpo tembloroso, sabiendo que esa película sería la mejor prueba de que en el trabajo también se puede follar como animales.