El abuelo James se paja con polla vieja en agosto de 2025
El viejo James ya no tiene la energía de antes, pero eso no le impide seguir disfrutando de su polla arrugada cuando nadie lo ve. Cada mañana, mientras el sol entra por la ventana de su cuarto, se recuesta en la silla de madera y empieza a sobarse los huevos mientras piensa en las putas de antaño. La piel de sus manos, llena de manchas y arrugas, se desliza sobre su verga como si fuera una serpiente lista para atacar. El sonido de sus dedos rozando el prepucio es lo único que rompe el silencio, un roce seco que se vuelve más rápido a medida que la sangre le sube a la cabeza. La polla, aunque flácida al principio, poco a poco se endurece hasta quedar tiesa y brillante, con la punta morada y goteando un líquido espeso. James se muerde los labios cuando siente el calor recorrerle las venas, sus gemidos ahogados entre los dientes mientras se la agarra con fuerza, moviendo la mano de arriba abajo como un poseso. El sudor le cubre la frente mientras el placer lo invade, sus caderas empujan hacia adelante como si estuviera follando algo imaginario, los muslos temblorosos y los testículos apretados. Cuando ya no aguanta más, suelta un gruñido ronco y se corre en chorros espesos que caen sobre su vientre peludo, el semen blanco y pegajoso pegándose a su piel como si fuera miel. Queda exhausto, respirando con dificultad, la polla aún palpitante y la mente llena de recuerdos de cuando era joven. Aunque ya no tiene la fuerza de antes, cada paja le recuerda que, por dentro, sigue siendo un viejo salido.