Juega con la aspiradora y se la mete hasta correrse
Un día cualquiera en casa, te quedas solo con la aspiradora en mano y decides probar algo nuevo. La encendiste y sientes el vibrar del motor contra tu coño, cómo el ruido cubre tus gemidos mientras te agarras los pechos y te retuerces. La punta del tubo la frotas contra tu clítoris, mojando todo el plástico, y te desafías a ver si puedes correrte así, solo con el juguete improvisado. Te la metes entre las piernas, sintiendo cómo el vacío succiona tu humedad, y empiezas a moverla en círculos, más rápido, más fuerte, hasta que el placer te hace arquear la espalda. Te la clavas hasta que el tubo casi desaparece dentro, sintiendo cada vibración en lo más profundo, y te agarras el culo para empujarla más adentro. Los gemidos se vuelven gritos cuando el orgasmo te sacude, y te corren los fluidos por los muslos, manchando el suelo. Al terminar, la aspiradora sigue encendida, el tubo brillante de tu corrida, y te quedas tirada en el piso, jadeando con la ropa desordenada alrededor.